Cambiar la inercia

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“Los río se secan, las aves desaparecen, el clima pierde benignidad y la tierra se empobrece”. Desgraciadamente estas demoledoras palabras resultan de una enorme actualidad a pesar de estar extraídas de Tío Vania, obra escrita por Antón Chéjov en 1889. “Nos encontramos ante la degeneración del campo por inercia, por ignorancia, por inconsciencia”, añade el ilustre dramaturgo.

 

Gaviota patiamarilla en la salina La Tapa, Cádiz

 

Pues bien, a pesar de que cada vez proliferan más las noticias que nos alertan sobre el precario estado en que se encuentra nuestro medio rural, parece ser que la inercia, es decir, la falta de energía física y moral para modificar el rumbo de las cosas, sigue vigente: la sequía, los incendios, el despoblamiento y la dejadez  por conservar el medio ambiente van haciendo mella cada vez con más virulencia.

 

Ejemplos en la marisma 

Afirma el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón que el paisaje es el “rostro del territorio”. Y en efecto, estos parajes aún mantienen un bello rostro. No en vano, los versos que cantara Camarón de la Isla [esteros de Sancti Petri/marismas de San Fernando/espejos de sol y sal/donde se duermen los barcos] nos trasladan inmediatamente a un espacio donde la retina se inunda de emoción. Las características biofísicas extraordinarias de este entorno han contribuido a la creación de hábitats de alta complejidad y heterogeneidad.

 

Recogida de la sal marina de manea artesanal

Así, en un mismo espacio conviven salinas en producción, esteros, cultivos y canales de acuicultura junto con espátulas chorlitejos patinegros, charrancitos, avocetas, cigüeñuelas y un sinfín de aves, en un paisaje repleto de connotaciones lorquianas.

 

Ahora bien, estos singulares parajes sufren la amenaza del abandono de ciertos usos y aprovechamientos que dotaban al territorio de una identidad sociocultural. Así, 5.000 hectáreas de antiguas salinas en la Bahía de Cádiz están en desuso a pesar de que la sal sigue necesitándose para numerosos procesos industriales y alimenticios. De las 170 salinas que se explotaban a finales de los años 70, solo 4 mantienen su actividad de manera artesanal. Los trabajos en una de ellas se llevan a cabo por la Universidad de Cádiz, que está realizando diferentes proyectos, entre los que se encuentran los de seguimiento de especies, el cultivo de fitoplacton y ciertas algas, y el estudio de cambios mareales.

En este entorno opera también la ONG Salarte, que se creó con la finalidad de gestionar y poner en valor la marisma salinera mediante iniciativas científicas, medioambientales, etnográficas, económicas y socioculturales. Salarte ha realizado proyectos de recuperación de salinas abandonadas, haciendo posible, además, el aprovechamiento acuícola extensivo y la recuperación de sus índices biológicos, demostrando que la custodia del territorio es una herramienta muy útil para implicar a la sociedad en la conservación de la biodiversidad y en la gestión del patrimonio natural.

No solo los centros de investigación y ONG de la zona trabajan en la búsqueda de modelos productivos compatibles con la conservación de la naturaleza. Algunas empresas demuestran un fuerte compromiso ambiental con el territorio donde desarrollan sus actividades.

 

Arrozal en las marismas de Doñana

 

Empresas como Pesquerías Lubimar S.L, y la Finca Veta La Palma, desarrollan cultivos acuícolas en régimen extensivo, cuidando de la calidad de las aguas empleadas, y destinando amplias superficies al mantenimiento de la riqueza ornitológica de la zona. Las 3.000 hectáreas inundadas de Veta La Palma, en el límite del Parque Nacional de Doñana, tienen un valor incalculable para dar cobijo a numerosas aves como al águila pescadora, a los zampullines, a la cigüeña negra, a la garcilla cangrejera, al martinete y a otras muchas aves que se pueden observar con facilidad desde la finca.

Ojalá sean cada vez más las personas y entidades que, en su lucha contra la dejadez, la ignorancia y la inconsciencia, vayan modificando el rumbo de la inercia. Afortunadamente ya hay visionarios en el buen camino.

 

 

 

 

Inés Jordana, Responsable de Agricultura y Alimentación de SEO/BirdLife

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